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Archivos Mensuales: enero 2010

DIBUJOS ANIMADOS DESCOLORIDOS

   

Los padres de los niños que actualmente tienen entre 5 y 10 años, tuvieron esa edad entre los años 1975 y 1985 aproximadamente. Estos padres se están dedicando a comprarles a sus niños las colecciones de dibujos animados de la Abeja Maya, de Marco o de Heidi, con la esperanza de que si a ellos les gustó cuando eran niños, a sus hijos también les gustarán. Si yo he probado un producto y me ha parecido bueno, tengo la confianza de que me hijo va a disfrutar de un contenido adecuado y entretenido. 

Eso está muy bien, pero en la práctica, resulta que los niños no muestran interés alguno por esos dibujos animados, que los padres se empeñan en hacerles tragar. Para los más pequeños, esos colores tan suaves que parecen descoloridos, no les atraen en absoluto, sobre todo cuando se han acostumbrado a imágenes mucho más llamativas, de mayor calidad y con colores más vivos. Los más mayorcitos, además de no encontrar ningún atractivo visual en esos dibujos, no se identifican con historias concebidas hace 40 años para los niños de aquella época. 

Pero los padres no entienden, como es posible que aquellos dibujos animados que a ellos les fascinaron y que les dejaban pegados al televisor, no le llamen la atención a sus hijos. Deberían recordar que para ellos el hecho de que el televisor fuera en color y no en blanco y negro, ya suponía una fascinante novedad. Los padres de ahora, se horrorizan al escuchar a las abuelas contar que la muñeca ideal de su infancia era la “Mariquita Pérez” y que les encantaba. Yo lo entiendo, porque esa muñeca parece sacada de una película de terror. Pero esas niñas de los 50-60 no tenían nada mejor y la muñequita diabólica esa les encantaba. 

La explicación que suelen encontrar los padres, cuando ven que sus hijos no hacen caso alguno a la colección de 14 DVD de Heidi, es pensar que ahora solo hay dibujos animados violentos y que los niños se han acostumbrado a eso. Piensan que la sociedad moderna ha pervertido a sus hijos y los ha convertido en seres insensibles. Los niños de hoy ven cosas como Pocoyó, los Lunis o los Teletubis y, por lo que yo se, todavía no he visto ningún reparto de ostias en esas series, ni explosiones, ni luchas, ni nada violento. 

Padres españoles, dejad de torturar a vuestros hijos con esos dibujos animados descoloridos. Gastaros el dinero en algo más provechoso o simplemente en lo vuestros hijos os digan que les gusta y no en lo que a vosotros os guste. 

 
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Publicado por en enero 15, 2010 en Sin categoría

 

NO ENTIENDO EL COMUNISMO DE CHINA

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Publicado por en enero 15, 2010 en Sin categoría

 

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Restaurantes y guiris

Guiri a la plancha

    

Existen una serie de diferencias a la hora de comer entre España y el resto del mundo. Además de las propias de la gastronomía, hay otras referidas al número de ingestas de comida, la cantidad ingerida y la hora a la que se hace cada una de ellas.  

  

Habrá quien piense que hay una serie de países “normales”, como España, que siguen un sistema racional y otros “raros” como los alemanes o los ingleses, que desayunan huevos fritos o cenan a las siete de la tarde. Lo cierto es que en el mundo civilizado conocido, los “raros” somos nosotros y lo “normal” es seguir los horarios de esos países bárbaros como Francia, Alemania, Holanda o Suecia.    

En otros idiomas existen palabras equivalentes a nuestro “desayuno”, “comida” y “cena”. Pero no se encuentra palabras equivalentes a “almuerzo” (el de las 10-11 de la mañana), “aperitivo” (el de las 13h.) o “merienda”, como tampoco existe nada equivalente a la palabra “siesta”.   

Para complicar más el asunto de las diferencias, a los españoles nos da por cambiar nuestros horarios de comidas en Verano, cuando estamos de vacaciones. Ponemos la hora de la comida a partir de las 15h y la cena a partir de las 22h. Parece que nos produce un gran placer el alimentarnos más tarde de lo que solemos hacer durante todo el año, en un ejercicio de expresión de nuestra libertad individual, que solo podemos ejercer en determinada ocasiones.   

Cuando los habitantes de esos países de bárbaros incivilizados vienen a España y quieren alimentarse en los mismos restaurantes que los nativos, se dan una serie de circunstancias curiosas. A la hora de la cena, los guiris más tradicionales comienzan a presentarse al restaurante a eso de las 7 de la tarde, los más integrados llegan a las 8 o incluso a las 9. Por nuestra parte los españoles, sobre todo si es verano, no llegamos antes de las 9 y media o las 10. De hecho, he visto a personas llegar a un restaurante a las 11 y media y ser atendidos sin ningún problema.   

La hora ideal para observar este curioso fenómeno, viene a ser sobre las 9 o nueve y media. Al llegar a esa hora, cuando entras al restaurante, ves como todo esta lleno de seres de cabello claro y pieles blanquecinas, rosadas o coloradas como gambas. Reina una cierta tranquilidad, a pesar de estar casi repleto y solo se escuchan los murmullos de la mesa de al lado y el rechinar de platos y cubiertos. Cuando a las 10 y media o las 11, pides la cuenta y te vas, si te fijas, te das cuenta de que todo ha cambiado. La piel de la gente ha oscurecido, pasando a cubrir toda la gama de marrones y los únicos cabellos claros, son los proporcionados por los tintes número 7, 8 y 9 de Loreal. El volumen ha subido varios decibelios y ahora se pueden escuchar perfectamente las conversaciones de las mesas situadas a 10 metros a la redonda de la nuestra y frases sueltas de mesas situadas en el otro extremo del restaurante.   

Más allá de la anarquía, desorganización o caos que esto pueda aparentar, en realidad se trata de una inmensa fuente de riqueza e ingresos para la restauración nacional. Desde las 7 de la tarde que aparece el primer guiri, hasta las 2 de la mañana que se levanta la última mesa de nativos, después de su café y su chupitos, por esa mesa posiblemente habrán pasado 4 o 5 grupos de comensales. De no ser por los guiris, habrían pasado 2 grupos a lo sumo. Los restaurantes aumentan radicalmente el rendimiento de sus establecimientos, implantando un sistema de “non-stop” desde las 13h. hasta las 2 de la mañana, ya que no hay prácticamente periodo de descanso, entre las 5 o las 6 de la tarde, cuando acaba de comer el último español retrasado y las 7, cuando aparece el primer guiri ansioso por cenar.   

En otra ocasión, disertaré sobre la desagradable capacidad de los guiris para estar completamente borrachos a las 10 de la noche, frente a la racionalidad de los españoles, que tenemos la decencia de no alcanzar el culmen de nuestra ebriedad hasta las 2 o las 3 de la mañana.  

 
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Publicado por en enero 14, 2010 en Sin categoría

 

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Publicado por en enero 14, 2010 en Sin categoría